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Ya no sé cuántas veces he empezado columnas diciendo que es curioso como la vida nos ha cambiado, pocas veces soy consciente de estos cambios hasta cuando alguien me lo hace notar de una manera excepcional o el cambio se me muestra de sopetón contra la cara.
Recientemente uno de estos cambios me abofeteo cuando sostenía una de las entretenidas conversaciones con mi amigo Mao*; La conversación rondaba sobre las expresiones y carnavales que se llevaron a cabo durante las fiestas del orgullo gay.
Durante los primeros 20 años de mi vida ni siquiera sabía que había marchas del orgullo gay, tuvo que pasar casi 5 años para que me atreviera a participar de un evento de estas características; no es fácil salir a la calle un domingo y verte en medio de un carnaval de personas frikis y anormales, la sociedad machista nos ha enseñado a pensar que la normalidad es homogeneidad, que cualquier expresión diferente es peligrosa y digna de vergüenza, la irreverencia se tolera solo para reírnos de ella y no como forma de vida, estos cuerpos domesticados se nos han mostrado por generaciones como el único ejemplo valido y ahí es donde más grandes problemas tenemos dentro de los sectores no hetero-normativos.
Para cuando vas conociendo a estos frikis y anormales te das cuenta que detrás de ellos hay una valentía que hasta hace poco no conocías y que se hace admirable y encomiable; caminar junto a estos cuerpos rescatados de una sociedad que cada vez es más orweilliana** se te convierte en una especie de adicción y algo de su valentía se pega a la piel y por ahí mismo al ADN.
Pero la vida no cambia en un solo sentido, es más bien como una explosión que lanza pedazos en todas las direcciones y algunas te llevan lejos de los otros cambios o en direcciones contrarias, aunque viéndolo en un sentido más metafísico podría decirse que quien cambia ese centro de la vida y por eso algunos cambios se van alejando de los otros.
Mao* me contaba como Calí se encuentra en uno de sus mejores momentos en lo que respecta a la población LGBT, este año macharon casi cuatro mil personas; amable y medio chicanero le conté que en Bogotá, en las buenas épocas, marchaban casi 40 mil almas y que llenábamos la Plaza De Bolívar varias veces, tengo que curarme de esa necesidad bogotana de demostrar que somos más y mejores.
Mi paciente amigo me pregunto que si había viajado y participado este año, durante unos 10 largos años he participado desde varios aspectos en la marcha misma, tuve que reconocerle que no, que en esta explosión atómica que es mi vida el centro había girado hacia otra parte y no había podido marchar aunque lo hubiera querido hacer; también le conté que como una muestra de respeto hacia cada una de las almas celebran ese día me puse una camisa que tiene la bandera arcoíris y camine, solo por las calles de este polvoriento municipio semi selvático.
Le conté como mi mamá no le dio importancia a este acto, como muchas personas decían que camiseta tan bonita y como algunas personas que reconocían el símbolo miraban hacia otro lado y sonreían por lo bajo.
Es curioso que, luego de marchar con cuarenta mil personas y sentirme solo, el mes pasado marchara solo y me sintiera tan cerca a mis queridos frikis que rescataron este cuerpo orwelliano** y pusieron a volar la mente adoctrinada por la normalidad.

 El nombre de mi amigo ha sido cambiado para proteger su identidad, es bien sabido que si alguien se relaciona como mi amigo puede entrar en conflicto con el Sindicato del sofá Arcoíris, mis enemigos más crueles.
** Se hace referencia a la sociedad entrópica planteada por George Orwell en su libro 1984, en dicha sociedad las personas no cuentan con identidades propias y el sistema está presente como una fuerza opresora y alienante que “normaliza” al individuo.

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Una de las historias que más me ha llamado la atención desde niño es aquella en donde Alejandro Magno le pregunta a Diógenes que quiere que él, emperador de todo lo conocido, le de, a lo cual el filosofo le responde que lo único que quiere es que se corra porqué le tapa el sol.

Análisis, desde muchas ópticas, se han realizado a esta respuesta, es ingeniosa, irreverente y casi que escandalosa sin llegar a ser irrespetuosa.

¿Pero cuantos hay que analizaran la pregunta que hizo el Gran Alejandro?

Creo que muy pocas personas se han puesto a pensar en lo compleja de la pregunta que se le hizo a Diógenes, Alejandro le pregunta desde su perspectiva de señor todo poderoso y dueño de cuanto podía ver que quería de él. A mi entender Alejandro trató como a su igual a Diógenes, y no hablo del trato de equidad y reconocimiento que se da a un amigo, sino que trató a Diógenes como si en realidad se tratara de otro Alejandro Magno  con las esperanzas y deseos del emperador,  por eso la respuesta del interpelado  es tan sorprendente. No tanto porque Diógenes no quiera nada más, sino porqué Alejandro no había nunca pensado o tratado de entender que alguien podía no querer lo que el atesoraba.

Diógenes no le responde a Alejandro Magno, le responde a otro Diógenes y pasa a desarmar al poderoso de la loca idea de que sus sueños son los sueños de las demás personas, en ese momento creo que Alejandro sintió como su mundo se venia abajo y, a excepción del día en que murió Antínoo, fue el día en que más se sintió solo y desamparado.

Esta pequeña reflexión que hago no pretende ser una clase de filosofía griega, ni más faltaba, si no que me viene a la mente gracias a un post que leí la noche anterior, el escritor del texto decía que se encontraba cansado del activismo de divas y hacia una referencia a este blog que me sirve de tribuna para exponer  ideas.

(El texto del cual les hablo es: http://decualescolumnas.blogspot.com/2012/02/me-canse-del-activismo-de-las-divas.html )

Habla el joven de un verdadero activismo; lo que inmediatamente hace pensar al desprevenido lector que hay un activismo falso, uno bueno y uno malo, y que, por supuesto, el  se encuentra en el lado bueno del activismo. Desconoce también en su proceso dialectico el escritor que la identidad como población no nos obliga a usar un determinado color en las prendas de vestir, que eso nada tiene que ver con el reconocimiento y que acciones silenciosas y hasta discretas o disimuladas en un closet de intimidad han ayudado tanto o mas que el uso de una manilla o una cinta multicolor.

Me hubiera gustado poder debatir en persona con Tamaki (Camilo Moreno) en el tiempo en que el empezó en el activismo, que no estaba muy lejos de la época en que yo mismo empecé, lastimosamente nunca nos vimos, eran tantas las reuniones que se organizaban en esa época que de seguro se cruzaron las nuestras y no nos pudimos conocer. Ahora en este auto impuesto exilio solo nos queda debatir en los muros de nuestros blog y limitar las conversaciones a la personalidad electrónica.

Sin embargo me gustaría dejar unas ideas puestas para estas discusiones ¿que denominamos activismo? ¿La única forma de llevar un activismo es la que creamos desde los espacios propios?  ¿Si la sociedad que queremos construir respeta la diferencia, exalta la diversidad y reconoce el transito en identidades porqué nos es tan costoso aceptar el disenso del otro frente a nuestras ideas?

¿Será el movimiento LGBT un Alejandro preguntándole a un Diógenes social porque carajos no se comporta igual que el en lugar de preguntarle que es lo que quiere y necesita?

Para terminar les dejo otra historia del viejo Diógenes con el guapo y valiente Alejandro: Un dia caminando se encuentra Alejandro a Diógenes  y el filosofo veía con mucho detenimiento una pila de huesos humanos, Alejandro le pregunta con alguna picardía que era lo que tanto le llamaba la atención y el sabio le dice: Estoy buscando los huesos de tu padre .. Pero no los diferencio de los de un esclavo cualquiera.

Un abrazo desde este mi oscuro rincón.

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