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Hoy da inicio el Foro Sobre Participación Política y por eso decido enviar esto precisamente hoy y no antes… O después.

 

Esta semana empezó muy bien: el día martes a mi correo llego una invitación del PNUD para participar en el evento que podría cambiar la realidad del país, quien me lo envío y como lo hizo no me pareció realmente importante, este evento se desarrollara en Bogotá, estan presentes algo así como 1000 personas de diferentes sectores sociales.

 

Sin embargo el jueves en la noche recibí una llamada curiosa; en un tono un tanto agresivo y completamente descontextualizado, por no decir irrespetuoso, al otro lado de la línea una mujer (Debería decir que más bien era una niña debido al acento consentido de su voz,  típico de personas inmaduras) me preguntaba qué tan importante era yo, o quien era la persona que me había invitado al Foro Sobre Participación Política; que  es uno de los acuerdos a los que han llegado en las negociaciones en la Habana.

 

Ante mi respuesta informando que no soy nadie importante y que la invitación me llegó desde una lista de correos del PNUD pero que no recordaba el nombre de la persona que lo firmaba la mujer me dice de manera seca, además de irrespetuosa, que ya no estoy invitado y que espera que con esa llamada quede cancelado mi viaje; yo termine la llamada casi sin despedirme con un creciente tufillo de cólera.

 

Sin embargo al rato, y más calmado gracias a las atenciones de mi novio ( quien no puede ser mi esposo dado que en Colombia no me puedo casar), decidí  que si por no ser nadie importante, lo verdaderamente importante es mi trabajo por el reconocimiento de los DDHH aplicado a las personas de la población LGBT, mi voz no era necesaria se hacía más urgente que hablara; la paz que se  quiere construir no debería ser solo para la gente importante, esa no es la paz que merece el país.

 

Acto seguido me puse a pensar, aunque al PNUD le cueste trabajo creerlo la gente poco importante también piensa, en el tema del foro: Participación Política, no solo de las FARC, ante un eventual proceso de paz.

 

La cosa no es fácil: un observador superficial podría creer que en Colombia las condiciones para la participación en política para cualquier colombiano ya está garantizada, tenemos varios partidos políticos estables, procesos eleccionarios regulares y los tres poderes de los cuales nos habla Montesquieu parecen funcionar bien y sin problema; sin embargo con una visión más profunda encontramos que el tema no es tan sencillo.

 

Primero por qué el ejercicio de la política, desde los procesos electorales y académicos, se ha convertido en un negocio de familias o de grupos económicos y no de interés político que conlleve el mejoramiento del colectivo, creo que la palabra nación aún nos queda grande.

 

En  el poder legislativo las cosas se podrían resumir en que:

 

A nivel nacional  tenemos senadores que llevan varios lustros sentados en un congreso, cada día más alejado de la realidad del pueblo, y cuando se pensionan es muy fácil ver a sus hijos ocupando el lugar dejado por el progenitor, también es fácil ver iglesias pontificando y tratando de convertir en leyes sus dogmas o hasta artículos completos de sus libros sagrados. En otras ocasiones solo legislan en beneficio propio o reclaman beneficios que un ciudadano promedio no podría alcanzar (Para que una persona que gané el salario mínimo en Colombia alcanzara a recibir el salario de un año de un senador debería trabajar un poco más de 40 años) o exigir ser eximidos de cumplir las leyes que ellos mismos aprueban.

 

En lo regional: Las cosas no mejoran y ni la ciudadanía ni quienes se presentan a las corporaciones colegiadas entienden cuál es la función de asambleas departamentales y concejos municipales lo que ha convertido esas corporaciones en meras herramientas al servicio de los administradores locales ( Gobernadores y Alcaldes) que con dadivas logran aprobar proyectos descabellados o innecesarios ( Para muestra el Mega colegio que se construye en Orocué Casanare que no es mega ni llegara a ser colegio en mucho tiempo pero que ha costado lo que 10 instituciones)

 

En el poder ejecutivo tenemos los mismos problemas que en el legislativo más el hecho de que los programas de gobierno luego aparecen “Maquillados” en los planes de desarrollo con metas de una inexactitud inverosímiles que generalmente construyen empresas dedicadas al “copy and paste” y por eso no es difícil ver planes de desarrollo iguales en Casanare y Tolima sin que a nadie le parezca extraño.

 

Procesos como el voto  programático, en blanco y la revocatoria del mandato están tan mal entendidos que la gente no los apoya y algunas iniciativas poco responsables solo las utilizan como plataforma política para asegurarse beneficios personales o en contra de un funcionario “Molesto”. En Colombia aún votamos por personas y no por proyectos.

 

El poder judicial se percibe fuera del campo de acción de la ciudadanía debido a que en las cortes  no existe el  voto popular y fácilmente un organismo constitucionalmente garantista de derechos puede terminar siendo un elemento atávico en los procesos sociales al ser remplazados periódicamente sus integrantes.

 

Por otra parte la democracia está tan mal entendida que los órganos de control (un cuarto poder creado en nuevas teorías del estado) no tienen ningún problema en reinterpretar a su acomodo la función constitucional  y no es difícil ver al funcionario encargado de garantizar los derechos de la población y de las minorías ( no importa que ahora las llamemos población de especial atención constitucional si no las tratamos como tal) haciendo lobby para evitar se reconozca uno u otro derecho de acuerdo a sus principios religiosos.

 

Los males de nuestro sistema político podrían resumirse entonces en una mezcla de ignorancia, plutocracia y corrupción que generan una fuerte apatía desde y hacia la población del común.

 

Es claro que no debemos entender la política únicamente dentro de los procesos eleccionarios sino también hay que incluir la participación en foros de discusión y formulación de propuestas que cambien realidades; Aunque esto tampoco lo hemos entendido y encontramos ejemplos como el que me ha sucedido: un líder LGBT de más de 10 años de presencia activa en el movimiento sea des-invitado a este evento mientras que una organización del mismo sector, creada hace poco, pueda llevar a 14 de sus integrantes sin sentir el menor remordimiento o responsabilidad sobre las discusiones que se van a sostener. La ausencia de reconocimiento y auto reconocimiento se transforma en la necesidad de ocupar el espacio a costa  del otro, quizá podríamos  ver ahí uno de los mayores  fardos que como sociedad nos afecta.

 

Ya he realizado un diagnóstico, que seguramente es incompleto y puede ser de poco interés para el PNUD puesto que yo no soy alguien importante, sin embargo espero que, si no se han aburrido, sigan leyendo hasta el final.

 

En medio de este desorden descrito arriba estamos inmersos los movimientos sociales; no sabemos que pensar ni cómo actuar compitiendo como enemigos por unos exiguos recursos y, en el caso de la población no heterosexual, casi completamente aislados frente  a un proceso de paz que daría como resultado terminar uno de los conflictos más viejos del hemisferio (y del mundo).

 

La posible participación de integrantes de las FARC en la política nacional expone la necesidad de construir propuestas, desde y, para que los movimientos sociales no nos veamos ahogados ante la complejidad de un proceso que radicaliza las posiciones teniendo a cambiar la realidad política de nuestro país (La región).

 

Espero que  hablemos de la necesidad que existe de garantizar de manera real la participación en la política a los sectores sociales periféricos; hemos visto que una ley de cuotas no funciona como debiera y que los partidos terminan cumpliéndola de puro formalismo o con personas que no están relacionadas con la realidad de los movimientos; un ejemplo claro es el de  mujeres que defienden la sociedad patriarcal o jóvenes en franca contradicción a la participación. Se hace también urgente que los diferentes sectores sociales empiecen a reconocerse como aliados y no como rivales.

 

Hasta ahora, no solo en el asunto de los procesos eleccionarios, la legislación ha sido generosa solo con los sectores étnicos y no ha reconocido otra forma de diversidad, cuando no simplemente los descalifica.

 

Una de las propuestas de este foro podría ser la posibilidad de crear, además de verdaderas políticas públicas, circunscripciones especiales temporales, para grupos sociales no étnicos; Discapacitados, Campesinos, Población LGBTI, Estudiantes, Tercera Edad, Juventud, Niñez,  entre otros. Estos grupos tienen unas opciones limitadas que hacen virtualmente imposible que lleguen a discutir los temas importante del país aunque en realidad son quienes generan los debates sobre las necesidades sociales.

 

Sobre la posible participación de las FARC solo podemos plantearnos unas inquietudes que resolverán las personas directamente involucradas.

 

¿Podemos transformar la democracia colombiana en una verdadera fuerza de mejoramiento?

¿Qué tan seria es la intención de las FARC?

¿Cómo convencer al país de la necesidad de firmar una paz en donde no exista un grupo derrotado y otro vencedor sino que ambos cedan en sus posiciones?

¿La extrema derecha podría dar al traste con el proceso de paz? ¿La extrema izquierda tiene las mismas posibilidades?

¿No es un injusto que seamos tan estrictos en lo referente a la para política y ahora permitamos que personas vinculadas con el mismo tipo de acción criminal pueda participar en Política?

¿Cómo haremos para que los crímenes de lesa humanidad no queden impunes ante un eventual proceso de paz y que quien se presente a procesos de elección popular no esté relacionado con  esos crímenes o narcotráfico?

¿Qué tanto estamos dispuestos a ceder para lograr construir la paz?

¿Están las FARC dispuestas a presentarse a procesos eleccionarios y a enfrentar su posible derrota?

 

 

Un abrazo fraterno, Sororico y poco importante

 

Nota: El Pnud Es El Programa De Las Naciones Unidas Para El Desarrollo 


Cuando los EE.UU cumplieron 200 años de su independencia el presidente gringo de la época le solicito a Isaac Asimov que escribiera un cuento que celebrara la fecha; Así nació El Hombre Bicentenario (Uno de los grandes cuentos de ciencia ficción).

Tiempo después se estrenó una película con el mismo nombre, resumiendo la historia casi hasta lo ofensivo podríamos decir que se trata de la lucha de un individuo por el reconocimiento de su identidad; este individuo era un robot y la sociedad del momento no creía que los robots pudieran tener identidad, en su larga vida el robot Andrew renuncia a la inmortalidad y casi que desprecia todos sus logros y aciertos tan solo para que la gente lo reconozca como humano: cuando ya muchos de sus amigos y seres queridos lo hacen.
No quiero profundizar en el sentido epistemológico de la lucha de Andrew sino en el hecho de que, viéndolo con una nueva óptica, el pobre de Andrew se olvidó de ver el bosque por estar pensando en los árboles que le estorbaban.

Para Andrew no era importante el resto de los robots y hasta los despreciaba, su lucha no fue por los robots sino por sí mismo… ¿Es posible que esto nos esté pasando?
Yo creo que los arboles no están dejando ver el bosque a nuestros abanderados del matrimonio igualitario y olvidan que hay prioridades apremiantes que requieren atención más dedicada: la política pública nacional, por ejemplo, puede verse afectada por tanta insistencia en el tema del matrimonio que solo beneficia a unos pocos.

Sí, es cierto que la Política Publica se ha tardado mucho y casi no tiene recursos de parte del estado y también soy consciente de que no soluciona los problemas de discriminación; pero creo es un paso más certero a encontrar la igualdad desde la base y no en la cúpula.

La derecha del mundo se está radicalizando; Mientras en Francia, Alemania y España se empieza  ver que ideas racistas de chauvinistas toman auge entre las personas  en los EE.UU. una importante facción de los Republicanos, alrededor de una idea llamada Tea Party, está tratando de transformar los avances sociales del coloso del norte en los culpables de la desgracia económica que asola el mundo, Creía que eso era claro para todos, todas y todes.

Colombia no es la excepción de esta radicalización, prueba de esto es la re elección del procurador que contó hasta con los votos de partidos tradicionalmente vanguardistas en donde el sector LGBT ha tenido participación y apoyado olas, estas personas tienen agendas claras y directas, están organizados y saben a lo que van, la directa intención de sabotear los procesos LGBT y/o de-constructores de la sociedad patriarcal no es desconocida para nadie.

El discurso de la derecha ha cambiado y su transformación ahora no les permite declararse enemigos de nuestras causas sino que son defensores de instituciones que son vitales para el común indicador de la población haciéndonos ver como el enemigo de la estabilidad y la sociedad llegando hasta ser causantes de desgracias.

Teniendo como marco ese discurso de “ No soy homofóbico pero me preocupa la repercusión del asunto XXX en la familia colombiana como núcleo de nuestra sociedad” ningún proyecto de ley en donde se discuta cambiar lo que ellos llaman “los cimientos de la sociedad” va a tener un buen final en Colombia y como consecuencia directa va a encender las alarmas sobre todo lo que suene a diversidad; ya en Colombia estamos viendo que las y los servidores públicos evitan hablar del tema LGBT por miedo a que les inicien investigaciones en la procuraduría.

Si fuéramos hábiles, y congruentes con las verdaderas necesidades de la población LGBT de todo el país, lograríamos trabajar conjuntamente alrededor de la Política Publica (que debe hacer su trámite en el senado) y evitar que este trabajo, que repito puede cambiar drásticamente la relación de la población no heterosexual con el estado, tenga las trabas que de seguro va a tener si seguimos dándonos la pela con un proyecto de ley que solo beneficia a unos pocos en las elites.

Sé que me he extendido y es probable que no lean hasta el final de mi comentario pero quería decirles que considero que el tema del matrimonio es una quimera burguesa que no cobija a toda la población y que profundiza las diferencias de clase.

Perseguir el matrimonio en una sociedad que cada vez cree menos en estas instituciones es como si los negros en los EE.UU en lugar de trabajar por su igualdad se hubieran puesto a discutir con el Ku Klux Klan si en realidad eran o no seres humanos.

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